lunes, 22 de octubre de 2012

Lo ridículo de cada día era levantarse.

Es duro ese día en el que las cuatro paredes de tu propia habitación te matan a disgustos. El día en el que piensas que cada persona te mira raro por ser diferente o sin más porque tienes manchado la boca de chocolate.
Si te ven llorar, ellos miran y no preguntan o mismamente si te ven morir, huyen del miedo y no ayudan.
La sociedad que tanto habla y la sociedad que tanto reclama, es el núcleo de tanta hipocresía que mucho pide y luego no se mancha las manos.
Es injusto que personas lloren porque no llegan a fin de mes, otras que se ríen porque las despidieron, o inclusive , personas que malgastan el tiempo trabajando sin hacer nada, mientras que otra busca cartones para poder sacar a sus hijos adelante.
La gente rica que todo se lo puede permitir, van de nobles pero no sé dan cuenta de que son los que destacan por ser egoístas y no ayudar a quién lo necesita.
Yo, miles de veces llego a pensar que si saliera de cada mes, como esas personas que no se ahogan en facturas, ayudaría a todas esas personas que lo necesitan, da lo mismo si son extranjeros o simplemente nacidos en España ( otro caso como el racismo ). Pienso que no solo hay que vernos felices nosotros si no ver como sonríe la gente agusto, sin ahogarse y sin llorar por ningún motivo.
Fíjate como son felices las personas con síndrome de down mismamente, o inclusive, los niños del tercer mundo que no necesitan más que un vaso de agua y pan para sonreir bien agusto.
El otro día, mientras estudiaba con María en la biblioteca, vi a un niño con síndrome de down reír y pensé. ¿ Por qué en vez de estudiar sociología estudio algo relacionado con ellos ? y me dí cuenta en ese momento que a mi esas personas me llenan, que son el mejor ejemplo a seguir, que sonríen por muy mal que lo están pasando, y yo, que quiero que la gente de mi alrededor sea feliz, voy a conseguir llegar hasta allí y ayudarles a que sean felices.


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